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DEPRESIÓN Y DIABETES TIPO 1

2 Feb, 2018 / 0

Estos días a raíz de un reportaje realizado por Jordi Evole en su programa SALVADOS se está poniendo en boca de todos lo que se ha denominado la patología del Siglo XXI, la Depresión. Una enfermedad que hoy en día padecen UN 4´4% de la población mundial y qué al ser silenciosa, invisible, pues no se aprecia a simple vista ni presenta síntomas apreciables como heridas o erupciones etc… no se le da la importancia que se debe, o no se es consciente del sufrimiento al que tienen que hacer frente todos aquéllos que la padecen.

 

Cuántas veces hemos tenido que oír ante personas que la sufren frases como “Bueno, no le des tanta importancia, no es tan grave”, “va, eso con una cerveza se te pasa”, o “no le des tantas vueltas a las cosas, que le das muchas vueltas”, “si es que te agobias por cualquier cosa” “tienes que ser feliz”, tienes que, tienes que, tienes que …. y así hasta el infinito y más allá.

 

De esa entrevista a cinco personas que han lidiado con la depresión de alguna manera en sus vidas, ya sea de forma directa o indirecta, me quedo con esta frase que da mucho que pensar “vivimos en un juego de aparentar felicidad”; frase que creo que explica la reacción de la sociedad ante la afirmación de alguien que sufre depresión “si ayer estaba riéndose, no estará tan mal”, “pues el otro día le vi dando un paseo y no tenía mala cara, no será para tanto” y un largo etcétera.

 

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Si ya la depresión por si sola es dura ¿Qué ocurre si además viene acompañada de una Diabetes Tipo 1? No me refiero sólo a cuando la causa de esa depresión sea precisamente el diagnostico de una Diabetes Tipo 1 y no poder superar el duelo porque el paciente no es capaz de asumir la enfermedad (no quiera ponerse la insulina porque quiere que su vida siga como antes, piensa que ya no va a ser la misma persona etc… de forma que le produce una desazón tan extrema que conlleva a una Depresión), sino también a una depresión derivada de otras causas ajenas a esa diabetes tipo 1 que padece el paciente y como la concurrencia de ambas patologías dificultan tanto el control de la diabetes como la mejora de esa depresión.

 

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Me explico, Ocasionalmente, todos nos sentimos melancólicos o tristes, pero estos sentimientos, por lo general, son pasajeros y desaparecen en unos días. Cuando una persona tiene un trastorno depresivo, este interfiere con la vida diaria y el desempeño normal de sus funciones, y causa dolor tanto para quien padece el trastorno como para quienes se preocupan por él o ella. La depresión es una enfermedad común pero grave y la mayor parte de quienes la padecen necesitan tratamiento para mejorar.

 

El trastorno depresivo grave, que es en el que yo quiero hacer hincapié en este artículo, también llamado depresión grave, se caracteriza por una combinación de síntomas que interfieren con la capacidad para trabajar, dormir, estudiar, comer, y disfrutar de las actividades que antes resultaban placenteras. La depresión grave incapacita a la persona y le impide desenvolverse con normalidad.

 

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Los síntomas más frecuentes que presentan las personas que padecen Depresión (aunque la gravedad, frecuencia y duración de los síntomas pueden variar) son:

 

  • Sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad, o vacío.
  • Sentimientos de desesperanza y/o pesimismo.
  • Sentimientos de culpa, inutilidad, y/o impotencia.
  • Irritabilidad, inquietud.
  • Pérdida de interés en las actividades o pasatiempos que antes disfrutaba, incluso las relaciones sexuales.
  • Fatiga y falta de energía.
  • Dificultad para concentrarse, recordar detalles, y para tomar decisiones.
  • Insomnio, despertar muy temprano, o dormir demasiado.
  • Comer excesivamente o perder el apetito.
  • Pensamientos suicidas o intentos de suicidio.
  • Dolores y malestares persistentes, dolores de cabeza, cólicos, o problemas digestivos que no se alivian incluso con tratamiento.

 

Además, por si todo esto no fuera suficiente, la Depresión conlleva cambios hormonales que influyen en el control glucémico del paciente con Diabetes que la sufre, lo que, para más inri, conlleva a aumentar su situación de desasosiego y agobio.

 

Los pacientes que sufren Depresión presentan un aumento de Cortisol y de Epinefrina (Adrenalina) El Cortisol es una hormona que se libera como respuesta al estrés (que en el caso de estos pacientes es más que frecuente, de forma que la producción de esta hormona se ve incrementada de forma notable), el problema que esto conlleva es que una de las funciones principales de esta hormona es la de la aumentar la glucosa sanguínea a través de la glucogénesis (ya os podéis imaginar por dónde voy). La Epinefrina, al igual que el Cortisol es una respuesta de nuestro organismo ante las situaciones de estrés y el problema principal en el caso del paciente con Diabetes es que implica que el hígado libere glucosa (otro problema más añadido a los síntomas que por sí sola produce la Depresión).

 

Así mismo, también se da un desequilibrio de Leptina, Estrógenos y Progesterona. La Leptina es la hormona inhibidora del apetito de forma que ese desequilibrio puede llevar al paciente a comer compulsivamente o bien justo lo contrario con los problemas que eso puede suscitar en un buen control de la diabetes;  los Estrógenos hacen a las células más sensibles a la acción de la insulina de forma que si se produce un aumento de los mismos pueden incrementarse los episodios de hipoglucemias; y por último la Progesterona provoca que a las células les resulte más difícil utilizar la insulina de forma que cuando aumenta la concentración de esta hormona pueden incrementarse los episodios de hiperglucemias.

 

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Vamos que, si ya era complicado el control de nuestra diabetes ante situaciones previsibles, imaginemos la inquietud que tiene que producir el no saber cómo va a responder nuestro organismo ante todas estas alteraciones hormonales que por mucho que nos digan, “no te preocupes, se feliz, mira el lado bueno de las cosas”, no se van a poder controlar con carácter previo y van a requerir un doble esfuerzo y una mayor atención para poder tomar decisiones en los momentos en los que se produzcan.

 

Es evidente que esto supone un importante problema para el paciente que además de Depresión padece Diabetes Tipo 1, pues estas situaciones de estrés son incontrolables e impredecibles, lo que implica que no podamos fijar unas pautas de insulina previas para las mismas y se deba estar aún más pendiente de su control glucémico. Lo que está claro es que todo esto supone una situación añadida de estrés y preocupación, entrando así en un bucle infinito del que resulta muy difícil salir sin ayuda (tanto profesional como familiar).

 

En estos casos en los que conviven estas dos patologías silenciosas, es importante contar con un equipo multidisciplinar compuesto por psiquiatra, psicólogo/a, endocrino/a y educador/a diabetologico, pues si ya el tratamiento de cada una de ellas de forma individual resulta complejo y tedioso, si encima van unidas, la cosa se complica, y es cuando más necesitamos de un buen apoyo profesional, y el más importante de todos, el de la familia y buenos amigos.

 

No voy a decir a todos aquéllos que estén luchando por salir adelante “ánimo, todo se va a arreglar, tenéis que ser felices”, pero si quiero que sepan que el camino va a ser duro, no lo puedo negar, y somos conscientes de lo mucho que están luchando, de forma que lo único que podemos hacer es ofrecerles nuestra ayuda y comprensión.

 

Texto.- Patricia González Alonso

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