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DIABETES TIPO 1 Y DIABETES TIPO 2, NO SON LO MISMO.

16 Feb, 2018 / 0

Cuántas veces nos ha pasado, cuando exponemos que padecemos diabetes tipo 1 ante personas que no nos conocen, que oímos la frase “ah sí, mi abuela también tenía, tomaba una pastillita” o “mi cuñado (ese cuñado omnipresente) también tiene, y con dieta y ejercicio no tiene que tomar nada” o “pues con que no comas azúcar ya está ¿No?” y un largo etcétera que en ese momento nos hace retorcer la nariz, a la par que fruncimos el ceño y se nos hincha la vena de la frente (bueno, igual eso sólo me pasa a mí que dicen que tengo mucho carácter (que diplomáticos).

 

Pues bien, esa diabetes de tu abuela, de tu cuñado, la que, con dieta y ejercicio basta, o con una pastillita o una inyección de insulina al día es suficiente, es la Diabetes tipo 2, que, aunque se llamen prácticamente igual, diferenciándose tan solo por un numeral, no son lo mismo. De hecho, me atrevería a decir que, no tienen nada que ver, principalmente por su origen y tratamiento. Algunas veces, comentándolo con profesionales médicos en el campo de la endocrinología, coincidíamos en que deberían denominarse de forma diferente, porque entre el desconocimiento social que existe de la enfermedad (refiriéndome a la Diabetes tipo 1 o infantojuvenil) y que en los pocos medios de información en los que se habla de diabetes a nivel genérico, se refieren siempre a la Diabetes tipo 2, la confusión es total, llegando a tener que escuchar en alguna ocasión afirmaciones como “puff pues si tan joven tiene diabetes es que no se ha cuidado nada”, en esos momentos ya no es que frunza el ceño o tuerza la nariz, sino que empiezo a ponerme verde, a gruñir, hiperdesarrollar músculos y me arranco los pantalones.

 

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Como comentaba, estos dos tipos de diabetes, aunque comparten parte de su denominación, no tienen nada que ver la una con la otra, ya que se diferencian en las causas que las provocan, los síntomas, las características, el tratamiento, y la edad media de las personas a las que afecta.

 

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Aunque la Diabetes Tipo 1 puede desarrollarse en adultos, se caracteriza porque tiene mayor incidencia entre los jóvenes y los niños. En este tipo de diabetes, el propio sistema inmunitario del paciente destruye de las células beta del páncreas, lo que origina una deficiencia total de insulina. La insulina es precisamente la hormona que permite que la glucosa de los alimentos pase a las células del organismo.

 

No se puede prevenir la aparición de la Diabetes Tipo 1 y no se conocen las causas que la provocan. Se caracteriza por ser crónica, ya que una vez que ha aparecido, la enfermedad no remite y requiere llevar un tratamiento de por vida. Las personas diagnosticadas de diabetes tipo 1 debemos administrarnos inyecciones de insulina a diario o bien estar conectados a una bomba de insulina para poder llevar un control adecuado de los niveles de glucosa en sangre.

 

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Es una patología que a veces resulta agotadora, cálculos constantes de raciones de hidratos de carbono para saber qué cantidad de insulina administrarnos; sopesar cuál es el índice glucémico de esos alimentos porque entonces la administración de insulina puede ser un poco diferente, no tanto en la cantidad, sino en su administración en el tiempo, teniendo en cuenta cuando va a ser el pico de acción de ese alimento que hemos ingerido; o bien en los casos en los que comemos hidratos de carbono con grasas, como puede ser una pizza, en los que debemos tener en cuenta la unidad grasa proteína para calcular las dosis de insulina y si vamos a necesitar un bolo cuadrado (en caso de tener bomba de insulina) o poner alguna dosis pasada una hora la ingestión del alimento; tener en consideración que cuando estamos enfermos o padecemos estados infecciosos, estas situaciones también alteran los valores de glucosa sanguínea y necesitaremos aumentar generalmente las dosis de insulina (tanto basal como unidad por ración), o bien si por el contrario padecemos algún problema estomacal que nos impide comer en condiciones debemos reducir las dosis de insulina y tener mucho cuidado para evitar hipoglucemias; no obviar periodos en los que se producen alteraciones hormonales como pueden ser la menstruación, el embarazo, situaciones de estrés, pues también intervienen en la variabilidad de la glucosa en sangre y un largo etc… que muchas veces resulta imprevisible y debemos tratar de darle solución de forma inmediata.

 

Y a todo esto se suman un montón más de situaciones diversas de la vida diaria, en las que debemos estar alertas o en permanente cálculo, de forma que a veces puede resultar psicológicamente agotador; no duele, es una enfermedad invisible, una gran mayoría de la sociedad (por desconocimiento) piensa que con no ingerir azúcar y hacer una buena dieta y deporte es suficiente, asunto solucionado, pero no es así, es algo mucho más complejo, pero eso solo lo sabemos los que lo padecemos y algunos de los que nos rodean.

 

Eso sí, también es verdad que, con un buen control de nuestra diabetes (aunque como ya he dicho hay momentos que depende del día te agota psicológica y moralmente, como todo), no hay nada que no podamos hacer, no debemos dejar que dirija nuestra vida, sino que sea la diabetes la que se adapte a nosotros; no es fácil, por supuesto, pero tampoco es imposible, requiere esfuerzo, pero merece la pena.

 

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En cambio, aunque la Diabetes Tipo 2 puede afectar a personas de cualquier edad, incluso niños (por desgracia hoy en día ha aumentado su diagnóstico entre la población infantil, dados los malos hábitos alimenticios y obesidad), se desarrolla con mayor frecuencia en personas adultas y mayores. La obesidad, una vida sedentaria o simplemente la edad son, entre otros, algunos de los factores que pueden provocar este tipo de diabetes. La mayoría de las personas con Diabetes Tipo 2 pueden producir insulina, pero no en las cantidades suficientes que el organismo necesita para su correcto funcionamiento, o, aunque produzcan la suficiente insulina presentan una resistencia a la misma, de forma que no pueden metabolizar en condiciones la glucosa sanguínea.

 

La causa hay que buscarla en las características de los pacientes que tienen esta enfermedad y en los que existen factores comunes determinantes:

 

  • Obesidad o sobrepeso (éste último definido por un aumento del perímetro abdominal).
  • Hiperlipidemia, debido al aumento de los niveles de colesterol en sangre.
  • Hipertensión arterial.
  • Alimentación inadecuada (dietas hipercalóricas y ricas en grasas saturadas y poliinsaturadas).
  • Sedentarismo (se ingieren más calorías de las que se consumen).
  • El denominado síndrome metabólico, que se caracteriza por la presencia de tres o más factores de riesgo cardiovascular.
  • Sensación de fatiga.
  • Visión borrosa.
  • Sed habitual y necesidad de beber.
  • Hambre a horas inusuales del día.
  • En ocasiones pérdida de peso.
  • Incremento de la necesidad de orinar.
  • Aumento del número de procesos infecciosos y mayor lentitud en la curación de los mismos.
  • Problemas de erección los varones.
  • Irregularidades menstruales en la mujer no menopáusica.
  • Dolor o entumecimiento de pies o manos

 

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No obstante, también puede haber un condicionante genético, ya que los hijos de personas que tienen este tipo de diabetes tienen una mayor predisposición para desarrollarla. En su fase inicial la Diabetes Tipo 2 generalmente no produce síntomas y suele ser diagnosticada tras la realización de una analítica clínica rutinaria. Sin embargo, llega un momento en que el organismo comienza a manifestar síntomas de que la glucosa no está llegando en cantidades suficientes a las células y empieza a acumularse en la sangre. Es entonces cuando el paciente se constata, de que algo va mal, por eso hay datos estadísticos que indican que un gran número de enfermos con Diabetes Tipo 2 no son aun conscientes de que la padecen, achancando todos esos síntomas a la edad.

 

En principio, la Diabetes Tipo 2 puede ser tratada con una dieta controlada y ejercicio, sin necesidad de medicación en algunos casos, pero en la gran mayoría se hace uso de la famosa “pastillita que toma mi abuela” que suele ser metformina, y en los peores casos, normalmente generados por un mal control, prosecución de la vida sedentaria y no respeto de la dieta, requieren de insulina basal (la de 24 horas), un pinchazo al día.

 

Esto sería impensable en un paciente con Diabetes Tipo 1, pues los síntomas aparecen de forma inmediata y brusca, y si no es tratada de inmediato pueden conllevar la muerte del paciente en pocos días:

 

  • Orinar con frecuencia
  • Orinarse en la cama (niños que han dejado de usar pañal)
  • Sed extrema
  • Apetito extremo
  • Pérdida de peso rápida
  • Debilidad, fatiga o somnolencia
  • Irritabilidad (niños pequeños)
  • Náuseas
  • Vómitos
  • Visión borrosa
  • Aliento con olor  “dulce”  extraño (huele a manzana), causa de cetoacidosis.
  • Calambres musculares

 

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Vamos que, como podemos observar, ambas patologías difieren en gran medida, no sólo en su origen, pues la Diabetes Tipo 1 es consecuencia de una disfunción del sistema inmunitario que ataca a las células beta del páncreas y las destruye por completo, de forma que, si hiciéramos un trasplante de dichas células a un paciente con Diabetes Tipo 1, su sistema inmunológico volvería a destruirlas, sino también en su tratamiento y la convivencia diaria con la misma.

 

Además, en muchos casos, y en clara diferencia con la Diabetes Tipo 1, la Diabetes Tipo 2 puede prevenirse si se mantienen unos hábitos de alimentación saludables y se combinan con una actividad física moderada.

 

Esperemos que, poco a poco, y con toda la información de la que disponemos hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, redes sociales, internet etc… ese desconocimiento que existe en torno a la Diabetes tipo 1 vaya desapareciendo, y no volvamos a oír lo de la “¡Ah!, mi abuela toma una pastillita y ya está”, seguro que así también se consigue reducir las explosiones encolerizadas de metahumanos verdes hipermusculados.

 

Texto.- Patricia González Alonso